Prólogo: "Más vale malo conocido..."

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Prólogo: "Más vale malo conocido..."

Mensaje  Viktor Plasmus el Jue 18 Feb 2016 - 17:49

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¡¡Lo había conseguido!! Por fin tenía aquél título de propiedad adquirido legalmente. Y claro, luego del repentino deceso del dueño anterior, aquellos hijos nobles no tenían ni los recursos ni el deseo para mantener aquel lúgubre castillo. Una ganga... Una serie de desafortunadas circunstancias pusieron en las manos de Viktor Plasmus aquella propiedad oculta de la mano de dios y en uno de los lugares más inhóspitos de toda la isla.


Justo a los pies de aquella montaña helada y frente a aquel lago permanentemente congelado. Solo accesible en carruaje por el traicionero y gélido camino que serpenteaba por las cordilleras... Claro, eso era para los invitados "convencionales". Aunque la ruta aérea tampoco era recomendable. Los vendavales helados hacían difícil la travesía incluso para los más experimentados y el tiempo en horas era prácticamente el mismo tanto por tierra como por aíre. Y justamente por ello el lugar era perfecto.


Poner todo el castillo en condiciones no le tomó más que un par de días. Detrás de la fachada lúgubre y los témpanos de hielo que se formaban en las cornisas de la construcción, estaba escondida una mansión que no envidiaba nada a la de Condes, Duques y Nobles. Pero aun así no era suficiente...


Los principios de la tecmaturgia no eran sencillos. Solo unas docenas de miles dominaban los conceptos teoricos, y de varias docenas, apenas uno o dos llegaban a la practica. Pero si algo le faltaba a Viktor no era tiempo. Nunca careció de él, y a pesar de que eso era más una tortura que un beneficio, si en algo ayudaba era a vencer esas probabilidades microscópicas sin mucha dificultad. La tecmaturgia es la ciencia que se dedicada a la hibridación entre ciencia y magia. Separadas, aquellas artes no eran más que opuestas. Pero sin embargo, aplicadas correctamente, una respondía preguntas que la otra no podía ni siquiera plantear.

Luego de seis meses de ardua labor, por fin aquel castillo volvía a tener vida. Vida artificial. Autómatas mecánicos ocultaban hábilmente sus engranajes bajo una piel falsa que le daba un aspecto humano increíble. Pistones, engranes y circuitos; una veintena de estas maravillas de la tecmaturgia, todas con rasgos únicos y aspecto irrepetible. ¿Que cómo se movían? No era carbón, ni electricidad, ni siquiera vapor. La fuerza que los alimentaba no era nada menos que almas. Almas humanas. Cien almas por cada autómata para ser precisos. Sin duda la vida artificial no era barata.


Y así fue cómo con unas cuantas monedas de oro, un año de esfuerzo y dos millares de almas humanas; la residencia Plasmus se alzara imponente en aquellos helados y oscuros parajes.


No había remordimiento, ni en la mente ni en el corazón de Viktor. Había hecho cosas peores, pero solo dos personas lo sabían. Uno de ellos había muerto en el incendio de la esquina del vampiro varios años atrás, y el otro... Bueno, el otro no era un problema. Inclusive aunque lo gritase a los cuatro vientos, estaba tan trastornado que nadie daría fe a sus juramentos.


Seguro que la isla había cambiado durante todos esos años. Su gente, sus líderes. Pero algo era seguro y Viktor podía apostar cualquier cosa a que aquello no había cambiado. En ese lugar, el caos era la única constante.*

- En fin... Supongo que más vale malo conocido, que bueno por conocer.-

Viktor Plasmus

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